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Por la desesperación, hay niños que se pelean con buitres por la comida. Animales muertos y desperdicios tóxicos son arrojados indiscriminadamente en los basureros. Una niña pequeña se me acercó con la cabeza de un cordero recién muerto en sus manos. A su alrededor, cadáveres de animales se descomponían; en momentos el olor se hacía insoportable. En la sombra de la ciudad se consume una fogata; el aire cáustico pesa, al igual que tantas penas. A las orillas del fuego, envueltos en el humo, viven los olvidados: pequeñas y grandes comunidades de gente cuya existencia es ignorada como una anomalía social. Estas comunidades buscan entre los desperdicios algún objeto que puedan vender. Con muy poco dinero para comprar suficiente comida, la encuentran entre la basura maloliente. Copyright, 2000, President and Fellows of Harvard College |