El Proyecto Mundial de Familias Trabajadoras es el primer programa dedicado a entender y mejorar la relación entre las condiciones laborales y la salud y el bienestar familiar en todo el mundo. Transformaciones Demográficas En un número sin precedentes de familias del mundo, ambos padres ahora trabajan en un empleo remunerado. La transformación histórica en la naturaleza y la ubicación del empleo ha alcanzado su máxima expresión en países industrializados, donde la gran mayoría—primero de hombres y, después, de mujeres—ingresaron a la fuerza laboral moderna en los siglos XIX y XX. Procesos similares ahora están en marcha en gran parte del mundo en vías de desarrollo. Los patrones paralelos de la urbanización y el incremento de la población económicamente activa en ocupaciones distintas a la agricultura en la mayoría de las regiones del mundo subdesarrollado se reflejan en el hecho de que menos adultos ahora trabajan regularmente cerca de sus hijos o de otros familiares. Aun en áreas rurales, la transformación de la economía agrícola está distanciando las esferas del hogar y del trabajo y cambiando dramáticamente la manera en que los niños y otros familiares son cuidados por los adultos. Cambios importantes en la urbanización han ocurrido en todo el mundo a lo largo del siglo XX. Mientras que 18 por ciento de la población mundial residía en áreas urbanas en 1910, 47 por ciento lo hacía en el año 2000. Además, se espera que el paso acelerado de urbanización continúe en todas las regiones del planeta. La Organización de las Naciones Unidas ha pronosticado que para el año 2030, 60 por ciento de la población mundial—incluyendo al 56 por ciento de las personas en países en vías de desarrollo—vivirán en áreas urbanas. La urbanización puede afectar en por lo menos dos formas la disponibilidad de las personas para brindar cuidado rutinario y por enfermedad a sus familiares. Primero, la urbanización puede afectar la disponibilidad de parientes fuera del núcleo familiar inmediato para brindar cuidado a niños y enfermos. Estudios etnográficos en varias regiones han mostrado que la migración de áreas rurales a urbanas está frecuentemente acompañada por la separación de las familias de sus parientes. Mientras que las familias trabajadoras urbanas continúan dependiendo de redes sociales para la asistencia económica y de emergencia, a menudo carecen del apoyo diario necesario para cuidar a los niños y a otros familiares. En segundo lugar, la urbanización está generalmente acompañada de la partida de trabajadores agrícolas hacia trabajos del sector formal. El porcentaje de la fuerza laboral mundial trabajando en la agricultura cayó de 62 por ciento en 1960 a 39 por ciento en 1995, con disminuciones en todos los países y todas las regiones del mundo durante ese periodo. El trabajo urbano requiere con mayor frecuencia que los adultos dejen a sus niños y los familiares de edad avanzada en la casa durante el día. De manera similar, los padres que trabajan en empleos del sector formal generalmente tienen menor disponibilidad para atender las necesidades de la familia durante la jornada laboral. Los trabajos urbanos del sector informal, tales como el ambulantaje en las calles, son más aptos para permitir que el trabajador cuide a sus niños y adultos mayores simultáneamente que los empleos formales, aunque frecuentemente sólo con opción de brindar cuidado limitado o marginal. Mientras que la urbanización ha transformado el lugar de vivienda y de trabajo de las familias, cambios dramáticos también modificado el perfil de la población que sostiene empleos remunerados. El movimiento de los padres hacia empleos situados lejos de su hogar y de su familia ha estado acompañado por un incremento en la participación de mujeres en la fuerza laboral remunerada. En todas las regiones del mundo, exceptuando al Medio Oriente y a África septentrional, las mujeres constituyen por lo menos un tercio de la fuerza laboral. Incluso en el Medio Oriente y en África septentrional, las mujeres actualmente representan el 25% y el 31% de la fuerza laboral, respectivamente. Más del 40 por ciento de la fuerza laboral es femenina en África central, África oriental, el Asia oriental, Europa occidental, Oceanía y África meridional. Y más del 45 por ciento es femenina en América del Norte, las repúblicas bálticas, el Cáucaso, las repúblicas de Asia Central y en Europa oriental. Los incrementos en la fuerza laboral femenina entre 1960 y 2000 han sido muy marcados en varias regiones. El porcentaje de la fuerza laboral que está compuesta por mujeres ha pasado entre 1960 y 2000 de 26% a 38% en el Caribe, de 16% a 33% en América Central, de 17% a 25% en el Medio Oriente, de 23% a 31% en África septentrional, de 31% a 46% en América del Norte, de 27% a 43% en Oceanía, de 32% a 41% en Europa occidental, de 21% a 35% en América del Sur. En resumen, altos porcentajes de participación femenina en la fuerza laboral se convirtió en la norma en la segunda mitad del siglo XX. En países donde la participación femenina en la fuerza de trabajo hacía sido baja, ésta aumentó, generalmente de forma acelerada. Para el año 2000, 56% de las mujeres del mundo estaban en la población económicamente activa. La transformación de la relación entre trabajo y familia no es solamente un resultado de la entrada de las mujeres a la fuerza laboral, sino más bien consecuencia de la entrada de los hombres y las mujeres a la fuerza laboral industrial y post-industrial. Mundialmente, los incrementos en el trabajo de naturaleza no agrícola tanto de hombre como de mujeres ha resultado en el hecho de que la mayoría de los niños están siendo criados en familias donde todos los adultos tienen un empleo remunerado. Estos incrementos han presentado nuevos retos para las familias trabajadoras y cambiado cómo las familias logran un balance entre sus responsabilidades económicas y de brindar cuidado. Una preocupación mundial Probablemente un aspecto de la problemática familia-trabajo que ha sido ignorado en gran medida es el hecho de que las familias en América Latina, África y Asia están viviendo problemas paralelos a aquéllos que enfrentan las familias en Estados Unidos y Europa. Si bien la proporción del fenómeno difiere entre y dentro de las distintas regiones, el desarrollo y la globalización están afectando la población en general y las familias en particular. Las familias trabajadoras en regiones en vías de desarrollo tienen responsabilidades de brindar cuidado más altas y menos recursos para poder enfrentar las necesidades familiares en comparación con las familias de países industrializados. La tasa de dependencia de edad—es decir, el número de niños y adultos de edad avanzada que requieren de cuidado sobre el número de adultos en edad de trabajar—tiende a ser entre 50% y 100% más alta en los países subdesarrollados que en los países industrializados. Además, las tasas de enfermedad son más altas en regiones en vías de desarrollo, dando aún más responsabilidades a los adultos trabajadores de brindar cuidado. Mientras que las responsabilidades de brindar cuidado son mayores en las regiones subdesarrolladas, los ingresos familiares son mucho menores. Sin embargo, los gobiernos en estos países han invertido menos recursos en apoyos y servicios sociales que aquéllos en Europa occidental y Estados Unidos y Canadá—tanto en números absolutos como en porcentaje del total de los egresos públicos. En las nuevas economías de mercado, profundas transiciones sociales, económicas y políticas han transformado las experiencias de los individuos y de las familias y han alterado de forma simultánea los sistemas médicos, educativos y de seguridad social que había apoyado a las familias durante generaciones. La pobreza y la desigualdad están al alza en estas naciones y las familias trabajadores frecuentemente encaran mayores cargas financieras, médicas y de otros tipos con menores apoyos. En casi 1000 entrevistas en cinco regiones del mundo, las historias que hemos escuchado han tenido similitudes impactantes, llevándonos a la conclusión de que los predicamentos que encaran las familias trabajadores realmente son una preocupación mundial.
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